
Y cruzando calles y mirándole la cara a más de un extraño, me detuve acá. Justo aquí. No más allá. Y es por eso que ahora veo como este clavo ya está bien clavado. Las dudas se han puesto ya su máscara de doble filo y tratan de encontrarme la mirada. Mas las esquivo y busco, en cambio, la suya. Que regala flores, silencios, mañanas y luces por doquier. . .
